BMW M240i

Quedar con un buen petrolhead siempre es gran excusa para desempolvar el coche del garaje y llenarle el tanque de gasolina, pero si encima te tiene sorpresas preparadas más. El mensajito que me mandó con la hora  y punto de reunión no incluía lo que, nada más acercarme al grupo que nos reunió, incluía.

Y es que, según me aproximaba al BMW azul que estaba viendo, me cuestionaba más “¿se ha traído un M2, el “casi M” (el nuevo M240i) o un simple Serie Dos con tres compradas en Aliexpress…” y, sí era una de las tres opciones (no había más), era un M240i o el eslabón perdido entre los Serie 2 y la gama M. 

Detalles

Porque, aunque es cierto que cuando ves un M te das cuenta, a veces los hermanos más modestos pueden confundirte ya que, con tanto kit M propio de la marca o ajeno es fácil encontrarte en la carretera muchos “wannabe”, pero tras una vuelta más en profundidad alrededor de este cupé ya sabiendo lo que era, mis ojos se centraron en las preciosas llantas a las que BMW Motorsport lleva décadas acostumbrándonos mezclando deportividad, brutalidad y ciertos tintes macarras que cubren unos descomunales discos de freno y unas escandalosas pinzas  firmadas por el mismo preparador. Esto se pone serio “dónde va esto con estos frenos”  me/le dije, pues muy evidente: a frenar cuando quieres correr.

Y llegó entonces el momento en que te dicen “¿quieres probarlo?”, mi corazón empezó a latir con taquicardia, mi hipotálamo a provocar mayor cantidad de endorfinas y mis pupilas a dilatarse antes de responder un “pues claro”.

Y si por fuera el conjunto de llantas y frenos, además del paragolpes delantero con apéndices aerodinámicos mucho más exagerados que el resto de los Serie 2 (la anodina zaga no da pistas de qué variante es, solo si uno se fija en el nombre del modelo se percatará de lo que tiene por delante) el habitáculo te lo deja claro: estás en todo un deportivo.

El cockpit

No suelo ver coches generalistas que me impresionen por dentro, solo los deportivos si son deportivos mezclan elementos de los coches de competición con calidades de habitabilidad superiores de los coches domesticados para la vida fuera del circuito, los demás buscan estética que entre por los ojos y este M240i es un coche de los del primer grupo.

Según te sientas la butaca te envuelve, te acoge, se “adapta” a ti y te ancla al interior como si de una fusión se tratara, el volante tiene un tamaño grande para tratarse de un coche que se supone que se puede jugar con él pero, a la hora de manejarlo, como ya contaré, se “encoge”. Tras él, primero, dos levas y luego los mandos del limpia e intermitencias, todos custodiando dos círculos donde el mundo analógico y digital se combinan para informarte de lo que le estás haciendo al coche una vez lo arrancas.

En la consola central, una descomunal pantalla multitarea nos ayuda, entre otros, a seleccionar los modos de conducción y bajo ella, la palanca que controla la caja de cambios de este vehículo de ocho velocidades automático.

Bramando que es un M.

No he conducido un M, no sé cómo es el que, para muchos especialistas, puede considerarse el mejor M hasta la fecha, el hermano del que pruebo hoy, el M2, pero este coche es el M de quien quiere todo un señor deportivo pero sin comprometer el confort e incluso el consumo y, sobre todo, sin dejarse un riñón en la compra.

Pulsando el botón (ya habitual) de encendido, el coche brama, es bronco, no rudo, pero no te deja lugar a dudas de que no es un simple Serie 2.

El motor de 3 litros, 6 cilindros en línea cuenta con un turbocompresor que produce 340 caballos pero, en este coche, lo mejor no es la potencia sino su par ya que los 500 Nm son toda una coz.

Jugando con los modos de conducción más extremos, sobre todo en el último caso el Sport Dynamic, la respuesta del motor es inmediata y se transmite instantáneamente a los neumáticos que hace que meter un pisotón al acelerador sea toda una experiencia, incluso con la intrusiva caja automática que a 3.000 rpm cambia sistemáticamente, cuando se juega con las levas se le puede estrujar a este coche y disfrutar mucho sobre todo en zonas reviradas donde se desliza entre curvas de una manera sexualmente sinuosa (ver meter el M240i por trazados de montaña por un buen conductor deja imágenes grabadas de “la foto perfecta de la trazada perfecta con el coche perfecto”)

Eso, en parte, gracias al excelente trabajo que hacen las suspensiones (mejoradas por Motorsport) que sin ser rígidas ni bruscas, aguantan a la perfección el “castigo” al que le sometes, y que combinado con un muy buen chasis, que si bien no es todo lo transmisor que pudiera esperarse ya que a veces parece quedarse “sin cobertura”, te informa adecuadamente de lo que haces y hace el coche pudiendo jugar con la dirección a tu antojo porque se mete donde le dices que entre, con una precisión que dan ganas de no dejar de mover el volante. Incluso en horquillas llegas a no creerte que estés haciendo por completo la curva con el radio de giro que desde la posición de tus brazos sitúan el timón del M(240i).

Conclusión.

Es mucho dinero lo que cuesta este coche, más de 50.000€, pero merece la pena. En un mercado donde cualquier coche digno de ser envidiado por quien no lo posee pasa holgadamente de este medio centenar de miles de euros, la opción del M240i es hasta lógica puesto que es todo un cepo, un deportivo con carácter, rabia, agilidad, pero sobre todo diversión.

 

Galería

Deja un comentario