Toyota MR2

Hace tiempo me dijeron que “en Divex Motor puedes encontrar un unicornio” en relación con la prueba al exclusivo Opel Speedster.

Poco después publiqué un exhaustivo análisis de otro icono, mito japonés, descapotable y hecho para amantes de la conducción como es el Mazda MX-5.

Y ahora viene el tercer miembro de esta “sagrada trinidad”: el Toyota MR2.

Sí, he sido poco original tomando el título de un capítulo de Top Gear The Grand Tour pero esto no deja de ser un hito para una página personal como es Divex Motor: localizar, probar y publicar la prueba de tres coches tan distintos pero tan similares…

Toyota MR2

Lo primero que quiero hacer es poner en antecedentes que, este Toyota MR2 he tenido la suerte de conducir en tres ocasiones muy diferentes y distanciadas en el tiempo, lo cual me ha permitido dejar macerar en mi cabeza su sabor, olor e imagen.

Es uno de la última generación (MkIII). Una unidad de finales de 2002 con unos 125.000 km y querida como esa mascota a la que sacas a pasear una y otra fría noche de invierno mientras cae aguanieve y piensas “por qué, por qué dije que sí…”

Este vehículo además tiene el kit TTE, o lo que es lo mismo, incorpora un paquete exclusivo que incluía el alerón, la barra antivuelco, el escape y, lo más importante, una suspensión diferente a la original.

El motor es el bloque de 1.8L y 143 caballos y va tras de las dos únicas plazas, en posición central, pero detrás lo cual provoca oírle en todo momento, importante cuando lo que te importa es sincronizar tu conducción con el rendimiento de esta máquina para sacar lo mejor de ambos.

El trabajo del coche va dirigido al eje trasero lo cual le confiere un aplomo en zonas de curvas espirituosas y de empuje cuesta arriba que es donde mejor se disfruta este biplaza.

Volviendo a las especificaciones, por su tamaño y peso (menos de 1.000 kg según su ficha), me ha recordado desde el primer momento a los “ratoncillos” del segmento B que tanto me gusta pero descapotado, más compacto y más burgués pero, a la vez, tan divertido, juguetón, excitante como los pequeños matones pero noble como para poder llevarlo desde el primer momento al punto álgido de la satisfacción al volante.

Tres episodios

La primera vez que me senté en él me pareció tosco, rudo, poco refinado, incluso el cuero, el salpicadero y el habitáculo en sí me parecieron no concordar con ese descapotable que podría ir dirigido a un comprador joven, al que le gusta lucir su flequillo y poner su frente morena al sacarlo los domingos de paseo. Qué alejada primera impresión de la final.

Según empecé a moverme en él se me “revolvieron” los prejuicios y empecé a reorganizar mi idea del MR2. Este coche promete, es duro de embrague, los pedales están muy próximos, gira rápido y bien y tira, sobre todo, tira.

Por eso le pedí a su dueño una segunda oportunidad y me fue concedida, esta vez casi sin esperarlo y sin oportunidad de ponerme el chip “modo prueba”, me dieron sus llaves y volví a hacer la sincronización con mi nuevo amigo. Entonces me reconfirmó mi primera impresión: este coche es un juguete.

El pequeño y ligero MR2 te hace sentir como un tiro. Te deja hacer lo que quieras con él, tanto a lo bruto como a lo delicado, si aceleras, responde y cuando te pasas, frena a tiempo (si no has perdido antes la partida con la carretera, claro). Te cuenta lo que siente sobre el pavimento, te dice lo que has hecho bien y lo que has hecho mal. Hay coches más comunicativos, pero con lo que te hace saber es suficiente. Claro que si lo haces mal te pone(s) en un compromiso pero no yendo por encima del límite no habrá peligro.

Tira, da igual lo que digan las pruebas y las marcas, tira. Tira hasta casi las 7.000 revoluciones y es entonces cuando su motor VVT-i de distribución variable te pide una mas (ojo, que también te deja meter una menos en marcha cuando la segunda cae, importante en horquillas o curvas muy cerradas en subida) y, sinceramente, me sentí muy cómodo llevándolo un buen rato entre pinares de la sierra madrileña y abulense en una 3ª marcha.

Pero es que la distancia del volante a la palanca de cambios (un palmo literalmente de mi mano, y uso guantes de talla S-M…) es estupenda para jugar y efectuar con rapidez los cambios de marcha a la vez que se coge y se suelta el volante aunque es fácil llevar el coche con una sola en él y la otra en la palanca porque la dureza de la dirección no resulta pesada para necesitar las dos ya que es equilibrada: ni dura ni flotante.

Volviendo a las marchas, son incisivas, punzantes, zas-zas-zas y cuarta. O zas-zas, segunda. Movimientos cortos, abruptos, precisos ayudan a cambiar de velocidades que, lógicamente, van a la par que el régimen del motor, algo sonoro tras un rato de conducción pero que no llega a pedir una insonorización, solo un descanso que se logra relajando el ritmo de quien lo maneja.

La dirección parece no necesitar más que poco más de un cuarto para ir donde orientes el volante, no es neutral porque tiene tendencia a sobrevirar, pero cuando le pillas el punto entiendes que necesitas adapatarte al coche para ir donde le orientes.

Y es que sin una buena suspensión la dirección quedaría coja, y, recorriendo la M531 y sus cada día más parches y baches, el coche lo traga todo sin rechistar y, lo más importante, eficazmente. En algunos momentos me dio la sensación de ir en una planeadora (como si alguna vez hubiera montado en una…) pero al “caer de nuevo sobre el agua” el coche volvía a agarrarse al asfato. El muy lógico tamaño de ruedas, hace que el coche amortigüe con la suspensión y también absorban los neumáticos (de 15 pulgadas, 195 delante y 205 detrás) pero sin comprometer ni la siguiente curva ni la seguridad del perder el rumbo.

Conclusión

Si bien el Speedster lo recuerdo como un kart matriculado, el MX-5 como un coche descafeinado, la opción intermedia en este caso gana, puesto que, entre la radicalidad del primero y la falta de sal del segundo, las sensaciones que transmite el MR2, la diversión al volante y las mariposillas en el estómago que te deja una vez que te bajas (con una dificultad contorsionista similar a la del Speedster), el Toyota MR2 es mi primera opción entre la triada que en Divex Motor puedes encontrar.

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