La apuesta por la tecnología de vanguardia es, desde hace décadas, una de sus máximas para Porsche.

El fabricante de sueños alemán lleva centrando sus esfuerzos a partes iguales en dejar boquiabiertos a sus clientes o seguidores con modelos propulsados por carburantes fósiles (incluso cuando el shock lo produjo la introducción de motores animados por gasóil) hasta su apuesta más innovadora: el Mission-E.

Porsche se ha tomado como reto o misiones los últimos desafíos tanto en cuanto a productos de calle como a los de competición y los 918 Spyder o los 919 Hybrid (LMP1) han supuesto una primera fase o paso ante la necesidad de ir olvidándonos del petróleo para mover nuestros vehículos de calle y cambiarnos a la electricidad (la E con la que finaliza el prototipo).

Missión-E

Tras más de dos años entre nosotros, a nadie sorprendió entonces que Porsche presentara en el Salón de Frankfurt  de 2015 un prototipo de cuatro plazas eléctrico que rivalizara directamente con Tesla y su modelo S pero lo que sí sorprende es tenerlo delante.

Hay que agradecer a Porsche la popularización de actividades como ésta, que sea en pleno Madrid y de acceso libre donde, además, te facilitan un dispositivo móvil de realidad virtual e, incluso, te invitan a un café o refresco, todo ello es digno de aplaudir.

Situado en la calle Fernando el Santo 14, el Porsche Tracks es un espacio ideal para alojar esta exposición temporal (del 15 al 30 de diciembre). Antes de entrar, cuatro Porsche, de ellos un 911 991.2 Turbo y dos 991.2 GTS junto a un Panamera, te indican que es el lugar que buscabas.

Tras abrirse las dos puertas automáticas, un par de agradables azafatos te dan la bienvenida y te explican el funcionamiento y organización de la exposición con una única premisa: se puede acceder libremente por cualquier estancia y hacer fotos pero está totalmente prohibido tocar el Mission-E.

Y casi que ni lo necesitas.

El vehículo es espectacular a la vez que familiar. El frontal recuerda en exceso al 918 Spyder y la trasera es totalmente heredada (o al revés) del Panamera pero hay detalles alucinantes por los cuatro costados.

Sin ser ingeniero aerodinámico, la representación de la incisión del vehículo frente al aire que simula el dispositivo prestado, emboba. Creo que la admiración con la que me atrajo, me dejó sumido en una pérdida del sentido del tiempo.

Como digo, es todo detalles como las cámaras que sustituyen a los retrovisores, las puertas de apertura opuesta o que los neumáticos delanteros sean Michelin y las traseras Pirelli (¿?) como podrás ver en las fotos del final del artículo.

Pero, además de por el Mission-E, la exposición en su conjunto es un gustazo por el mero hecho de poder aunar todo lo que hace de Porsche una marca de ensueño: son capaces de combinar herencia con modernidad, competición con sostenibilidad, pureza con innovación…

Y, “custodiando” al prototipo, hay disponibles cuatro puestos audiovisuales donde poder reproducir unos vídeos, por lo general cortos, de temática variada, desde el desarrollo del 918 Spyder a una revisión de modelos históricos, desde personajes vinculados a la marca como Patrick Dempsey a Magnus Walker, todo disponible a tu disposición, por lo que es recomendable acudir con tiempo de sobra para poder disfrutar de todo, más si vienes dispuesto a acceder a la entreplanta y a sus salas.

Las salas

Y, es que, una vez decides dar un paso más, o más bien subir la escalera a la entreplanta, allí eres nuevamente recibido por unas cordiales azafatas que te vuelven a explicar las áreas que tienes a tu disposición, su contenido y actividades amén de invitarte a tomar algo tanto dentro como fuera, en la terraza, ya que dispones de una zona ajardinada donde disfrutar de un café flanqueado por un 911 y un 356.

Las salas que rodean el mostrador que hace las veces de recepción son tres: la primera sería el salón de mi casa ideal, la segunda la sala de juegos de mi casa ideal y la tercera la habitación de mi hija de mi casa ideal, y por qué ideal, porque la temática es Porsche Porsche Porsche y Porsche.

La primera está amueblada como una sala de estar con cuadros del artistazo Manu Campa donde poder, simplemente, pasar horas admirando su capacidad para absorber y plasmar Porsche (no, no me he comido palabras, “absorber y plasmar Porsche” como el que dice “tomar y degustar vino”).

La siguiente es una sala con varias consolas (me vais a permitir que no concrete cuál porque no soy nada jugón y no lo sé) donde poder conducir virtualmente un 911 por una serie de circuitos.

La tercera tiene dos de sus cuatro paredes como, voluntaria o involuntariamente, ocurre con las de las casas donde hay niños pequeños: están disponibles para ser pintadas.

Además, todo el entorno está cuidado al máximo, como por ejemplo, la colección de miniaturas a diferentes escalas de una variedad de modelos que salpican las estanterías.

Una vez disfrutadas las estancias, retornas al enorme hall donde vuelve a recibirte el Mission-E, en este caso te da las gracias y te invita a compartir con él el futuro de la automoción y el devenir de su marca: Porsche.