No puedo negar que paso ratos muertos en Google Maps buscando posibles carreteras que traer a Divex Motor y fue así como encontré la que en este artículo trato.

Y es que el “triángulo” que formaba la de este artículo me pareció curioso pero más atractivo lo sinuoso de los lados de tal polígono ficticio que enlaza las carreteras que van desde glorieta de salida de la M-501 hasta su propio retorno a la misma pasando por las localidades de Casillas y Sotillo de la Adrada.

Tras superar el pk. 70 de la nombrada ya M-501, nos topamos con una glorieta cuya primera salida nos sitúa en la M-549 en dirección al pueblo abulense de Casillas.

Con una primera curva de izquierdas y una laaaaarga de derechas que nada tiene que ver con lo que nos espera, avanzamos pocos metros hasta recibir la primera información que nos arroja la carretera que es doble: es en subida y con un buen pavimento, si el tráfico lo permite, será digna de un bonito ascenso entre unos desnudos castaños.

 

Con el Embalse de los Morales a la derecha, pronto atravesamos el limite ficticio pero legal entre Madrid y Ávila como también es imaginario el límite que separarían los carriles derecho e izquierdo porque, a pesar de tener una considerable anchura, no hay señalización sobre el asfalto que lo marque lo que deja en las líneas laterales, el guardarrail y la cuneta las referencias en cuanto a la superficie disponible.

El paisaje es maravilloso, aunque los árboles se muestren en plena hibernación arrojan una frialdad que contrasta con la espléndida luz del sol que ilumina y calienta lo suficiente el ambiente.

No dejamos de ascender disfrutando de una carretera que permite regocijarse con la trazada ideal hasta, próximo a los 6 km desde el comienzo de la M-549 nos acercamos a la población de Casillas donde, de repente, aparecen vehículos lentos (camiones y bicicletas, suerte que no hemos tenido que adelantar a nadie anteriormente aunque, por visibilidad y anchura de la carretera, se podría haber hecho con seguridad).

La M-549, aunque ya en la provincia abulense, atraviesa el pueblo castellano y permite coronar la subida contemplando desde lo alto la realidad del trazado: lo que sube, baja.

Y lo más significativo de la otra cara de la carretera es lo muy diferente que es el descenso. No solo cambia el entorno que ahora es de hoja perenne y con arbustos entre árboles. No.

El asfalto es mucho peor, es más viejo, está roto e incluso puede llegar a no transmitir seguridad, la anchura de la carretera se reduce y, a veces, carece de líneas referenciales y, aunque esto no sea un problema sino un aliciente, las curvas son más exigentes: se cierran más e incluso llegan a ser menos condescendientes con un error de cálculo.

Los parches son visibles y sufribles si la suspensión del coche es rígida (como así es) pero un kit de amortiguadores y muelles deportivos también ayuda a fijar el coche al suelo y prepararlo para entrar a la primera horquilla de izquierdas de la bajada (a unos 10 km desde el inicio) que es ciega y que, según sales de ella te encamina hacia un frenético y serpenteante descenso hasta una fuerte frenada antes de hacer otra de derechas.

E, incluso, para complicar más esta “cara b”, a unos 11,5 km del inicio nos encontramos con una señal de estrechamiento de la anchura de la cálzada y otra de prioridad en nuestro sentido a pocos metros de un paso elevado en piedra que hace de algo parecido a un arco de entrada a Sotillo de la Adrada.

Tras salir del pueblo, el último tramo, si bien no aporta demasiado interés por ser la zona abulense de la M-501, la CL-501, hacia el retorno en dirección a Madrid, la opción más entretenida es volver a Casillas y, ya conociendo lo bien diferente que son las dos vertientes hechas, la que antes fue bajada, ahora será subida y, aún siendo la misma carretera, ascenderla provoca un cambio totalmente en su planteamiento, lo mismo ocurre con la salida desde el pueblo, ahora en bajada, que parece mucho más relajada que cuando era cuesta arriba.