Del amor al odio o a la locura

Es curioso de analizar cómo es la mecánica del amar u odiar a algo… o a alguien. Y es que puede resultar difícil distinguir cuándo se ha traspasado la fina línea que separa el amor del odio pero no más aún volver a amar lo que odiabas u odiar lo que antes amabas.

Los antecedentes.

Las historia de la que hablo es la de la relación entre un hombre y una máquina, entre yo mismo y mi Saxo VTS. Y es que hace ya más de once años, tras darle muchas vueltas, me decidí a arriesgarme como nunca antes lo había hecho, a echar toda la carne en el asador y es que, los objetivos y condicionantes según las edades y los momentos varían y mucho y por aquel 2005 vender mi 1.5d y endeudarme por comprar un VTS 8V, todo un salto sin red.

Aquella pequeña cafetera, el “milqui” fue realmente el primer coche que me introdujo en el mundo de la mecánica, del “hágalo Ud. mismo” y gracias a él también a un sector del automovilismo deportivo y espirituoso hasta entonces jamás experimentado y fue por eso que decidí comprar un coche más deportivo, más emocionante y, sin duda, más afín a mí.

No puedo negar que al principio todo fueron dudas, incluso una vez adquirido, ese/este VTS tenía algunas deficiencias de mantenimiento heredadas del anterior dueño. Algo que tuve que solucionar pero que durante mucho tiempo me acompañó como un fantasma asentado en el sillón de mi derecha.

Incluso surgieron otros esporádicos, permanentes o incluso achacables a ciento y un motivos todos erróneos y que finalmente, el que más me trajo de cabeza y más se prolongó en el tiempo (una especie de caída de potencia/reducción de entrada de gasolina provocaba desplomes en el rendimiento momentáneo del motor que desaparecían en cuestión de décimas de segundo pero que reaparecían por temporadas de forma más o menos constante) y que gracias a la mano de mis queridos secuaces del taller Cebis solucionaron hace pocos años atrás, intervención del azar mediante, todo sea dicho.

De la desesperación a la locura

Y es que durante varios años llegué a coger verdadero asco a este coche, fallos y más fallos, ruidos, incomodidades y, sobre todo, frustraciones personales que hacían que viera en el pequeño Citroen la materialización de mi incapacidad para alcanzar otras metas.

Hasta la llegada de un nuevo coche.

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Parece mentira cómo tener un rival pero a la vez un compañero de fatigas ha provocado que mi percepción del Saxo haya cambiado radicalmente.

Que en mayo de 2014 compráramos un Subaru WRX STI, a priori, no solo desplazaba de la comodidad y protección de la plaza de garaje al Saxo sino que lo situaba casi tres veces por debajo del potencia del japonés e infinitamente lo llevaba al infierno de la seguridad y el confort, a priori, porque si las siglas VTS tienen un significado (además del francés Voiture a Temperament Sportif) resumen en una declaración de intenciones: coche con carácter deportivo.

Y es que el Saxo VTS lo es: es un coche para disfrutar de la conducción deportiva sin importar nada más allá del disfrute al volante, jugando con los pedales, los cambios y el freno de mano. Muchas veces lo pienso y el poder conducir otros coches que sobre el papel patean el culo de mi coche, luego no alcanzan las cotas de felicidad que me produce conducir cada día mi coche.

Sentarme en mi asiento, coger mi volante, arrancarlo, emprender la marcha y afrontar cada curva, cada glorieta, cada movimiento sinuoso que se presente como un desafío en busca de la trazada ideal (cuando por ideak puede ser la más alegre y no la más efectiva) hace que vaya disfrutando al trabajo, que quiera cogerlo para ir al supermercado, que no me importe tener que salir a cualquier hora a lavarlo y, mucho menos, encontrar tiempo para cambiar esa pieza, incorporar una nueva, eliminar lo que sobra y, sobre todo, pensar que cada vez que conduzco este ya pequeño cepo lo hago para disfrutar de la fusión entre hombre y máquina, porque, por muy mecánico que sea, ya está hecho a mí y yo a él.

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Son once años, más de 220.000 km recorridos, viajes de ocio y/o diversión, muchos otros diarios por trabajo, pero son esas salidas hacia carreteras de curvas o esos encuentros con otros entusiastas o esas tandas en circuito las que se quedan marcadas y dejan mejor sabor de boca que otros malos momentos o épocas vividas y, en el balance total, ahora mismo, tenga que resumir mi actual estado emocional respecto de mi Citroen Saxo VTS 8V como de pasión total.

 

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