Prueba: Peugeot 308 GTi, un coche que merece mayor reconocimiento

Prueba: Peugeot 308 GTi, un coche que merece mayor reconocimiento

7 diciembre, 2020 Desactivado Por Divex Motor

Quizás resulte extraño remontarse a una experiencia vivida hace casi dos años para traer a la actualidad. Pero el recuerdo ha ido macerando y la necesidad de hacer justicia y expresar lo que realmente me he guardado en un departamento de mi recuerdo tras la prueba del Peugeot 308 GTi de 2018, se torna en una sensación como de haber dejado pasar la oportunidad de escribir sobre un coche realmente infravalorado, un dilema desestimado recurrentemente hasta hoy.

¿Por qué el Peugeot 308 GTi merece más honores de los recopilados?

En Divexmotor.com hemos conducido desde un SEAT León Cupra “desbocado” hasta el compacto de referencia del momento, el Renault Mégane R.S., mientras que, por el camino aún quedan otros por analizar (manténganse atentos…) y, finalmente, hablaremos de uno de los tapados del grupo de los mejores compactos deportivos en una franja de tiempo desde 2017 a 2020 cuyos ejemplares han marcado una época.

Si bien, aunque este texto versa sobre y como prueba del Peugeot 308 GTi de 2018 que, desde la entrada en vigencia del protocolo WLTP supuso la desaparición de los concesionarios de este coche, el hecho de poder encontrar alguna unidad de segunda mano, espero que este texto sirva de ayuda en su decisión a quienes estén interesados en comprar uno ya matriculado.

Una actualización comercial sin sucesor a la vista

Realmente, el paso hacia delante llegó en 2014 con la presentación de un habitáculo que suponía un avance en cuanto al diseño distintivo del que los franceses, cuando quieren, pueden hacer gala ya que, el de desde 2018 era prácticamente idéntico en su forma al ya conocido pero actualizando el concepto i-Cockpit más tecnológico y actualizado.

Lo mejor del Peugeot 308 GTi se vive desde la posición del conductor, por eso, la mejor vista llega desde ahí. Sin ser excesivamente aeronáutico, las líneas divergentes y convergentes presentes en su salpicadero, junto con un volante, que si bien es cierto resulta pequeño, llega a permitir recibir una sensación en su manejo más racing cuando se conduce de manera más deportiva, provocan una sensación fluida de su apariencia.

Como indicaba, la posición de conducción es a la que se enfoca un interior bien rematado, sin lujos, es verdad, pero agradable a la vista y al tacto, a pesar de los plásticos de rango ya demasiado extendido en la industria de la automoción en general pero que, a pesar de la calidad, resultan soportables porque, el entorno es muy confortable y grato.

Con tejidos nobles o de calidad al tacto realmente acordes al concepto GTI, los asientos son lo suficientemente confortables como para ser de un coche de diario, como para agarrar de manera correcta pero no demasiado intrusiva en trazados exigentes, donde, quizás, peque de cierta falta de apoyo lumbar.

La posición de la palanca de cambios está ingeniosamente accesible para un juego “pedal izquierdo – volante – mano derecha” y repetir en una transmisión rápida y suave.

La visibilidad, a pesar de ser un coche basado en un compacto sin pretensiones racing, es envolvente y parece propia de un coche más angosto, más pegado al suelo de lo que la distancia al asfalto, respecto de uno que no fuera un Peugeot 308 GTi lo haría (-3 cm) pero es gracias al halo emotivo, propio de los coches de manufactura de Peugeot Sport, para que este coche se transforme de un utilitario generalista en un compacto deportivo.

La plaza del acompañante no tiene demasiadas ventajas adicionales a la de liberar los pies por la ausencia del pedalier y del espacio libre frente al pecho por no tener el volante. Las plazas posteriores, las exteriores, porque la central es testimonial para una persona de más de 1,65 y de constitución liviana, me resultaron un tanto angostas, con una distancia entre mis rodillas y el asiento delantero, regulado para una altura a la de mi propia a la de mi propia longitud (1,8), poco espacio libre para los hombros y una distancia entre la testa y el techo como para viajar sin gorra.

El maletero, en cambio, a pesar de disponer de 398 litros, está muy bien resuelto de tal manera que, sin ser excesivamente grande, se puede aprovechar muy bien gracias a su disposición, incluso respecto de la boca de carga.

Pero entremos en harina.

¿Cómo es el Peugeot 308 GTi en movimiento?

Al arrancar el motor 1.6 THP de 270 CV el bramido no es especialmente seductor, de hecho, desilusiona. Hay compactos rivales que, al pulsar el botón de la ansiada felicidad, ya se liberan dopaminas, éste no es el caso.

En ningún momento de la prueba del Peugeot 308 GTi el coche mostró un sonido abrupto, incómodo o pesado, quizás una virtud como coche de diario, quizás un defecto para un fin de semana entre montañas serpenteadas por carreteras ignoradas.

Pero el coche es cómodo, tanto en parado como en movimiento, gracias a un motor equilibrado y ponderado.

No es incisivamente responsivo pero esto lo hace agradable al manejo, no incita a dar sustos y su tracción delantera se vale y se sobra para gestionar el potencial que, a veces no parece llegar a ser los 272 CV que, por ficha, produce.

Entonces, al presionar el botón “Sport” se vuelve más inmediato, que no más radical, y su motor gestiona más velozmente la presión del pie del acelerador, es más divertido pero es un coche que nunca llega a dar miedo, a pensar que puede llegar a descontrolarse. No pasa la frontera de la lógica para ser un GTI y se agradece.

Es un coche funciona deliciosamente bien.

Se mueve con tanto aplomo con soltura, acelera bien, no es un misil, ni lo pretente, pero se desenvuelve a la perfección en territorio sinuoso. Se asienta con firmenza sobre el asfalto sin ser rígido.

Eché en falta un poco más de rotundidad en la mordida de los frenos que, a pesar de montar unos generosos discos de 380 mm de diámetro, al menos la unidad de la prueba del Peugeot 308 GTi no eran excesivamente rotundos en su clavada y, por lo tanto, es mejor no ir al límite con el coche, porque no es un compacto deportivo de excesos, sino de promedios.

Conclusión: prueba del Peugeot 308 GTi

Me remonto al inicio, el coche no es demasiado duro para ser un deportivo incómodo pero eso lo hace ser maravilloso para uso diario (de lunes a domingo, desde para los quehaceres rutinarios como para salidas ociosas), para movimiento en ciudad no acaba siendo doloroso ir a recoger a los niños al cole, en carretera con densidad de tráfico elevada se hace llevadera su configuración y, en tramos de montaña o, entiendo, que circuito, es lo suficientemente deportivo para hacerte creer que vas en un coche más racing de lo que realmente es.

Es esa virtud intermedia entre un compacto deportivo que pudiera llegar a ser tediosos e, incluso, doloroso su uso diario como podría ser el Renault Mégane R.S. con el chasis Cup, pero es más sencillo,  en cuanto a rimbombancias prescindibles, por ejemplo, que un Volkswagen Golf GTi de la época, el cual también he podido conducir y, cuya respuesta me pareció anodina y de un coste injustificado para el resultado.

Volviendo a la prueba del Peugeot 308 GTi, el que conduje se mostró noble, suficientemente potente pero sin ser un Honda Civic Type R, con una respuesta ajustada y manejable, más que suficiente como para darle un estrujón en momentos clave como la salida de un peaje o acelerando por el carril de salida de los boxes en unas tandas en el Circuito del Jarama.

En conclusión, con un coche cómodo, divertido y relativamente asequible, solo el estado de un motor 1.6 turbo apretado que produce 270 caballos me haría plantearme seriamente si merece la pena comprar un Peugeot 308 GTi de segunda mano porque, si la mecánica está bien cuidada, la respuesta es sí.