Prueba: Land Rover Defender 110 3.0D MHEV 250 X-Dynamic SE

Prueba: Land Rover Defender 110 3.0D MHEV 250 X-Dynamic SE

26 enero, 2023 Desactivado Por Miguel Lorente

En la prueba del Land Rover Defender nos planteamos si este modelo es ahora un SUV o si sigue siendo un todoterreno
Engañaría si dijera que no tenía ganas de, por fin, hacer la prueba del Land Rover Defeder de última generación. Desde su presentación este coche me atrajo tanto como me supuso un mar de dudas ¿era la nueva versión del todoterreno o era una nueva torsión hacia su conversión a SUV?

Pues sí, y las dudas finalmente se despejaron pero a base de ir analizando las diferentes caras de este Land Rover Defender 110 250D X-Dynamic SE.

Confort, habitabilidad y lujo en el nuevo Land Rover Defender

De entrada, literalmente, este coche es soberbio porque, por muy modesto y anónimo que se crea y/o sepa, sin quererlo uno se transforma en una especie de ególatra, una «hulkización» del autoconcepto de hombre de la calle a poderoso caballero (es Don Dinero) te genera al inhalar el aire de este interior qie combina de manera soberbia el lujo y la tradición.

Lujo porque la extensión de materiales y componentes de la más alta calidad con la relativa simpleza y practicidad del diseño interior, desde su habitáculo, repleto de oquedades donde asirse o depositar objetos, hasta las alfombrillas de goma exportan ese equilibrio sublime entre un coche de lujo y un todoterreno dispuesto a todo sabiéndose el heredero a todo. Y de todo, todo un legado tras un nombre.

Me repito y soy pesado, tanto como el plomo, y mucho porque este coche es un todoterreno es un ejemplo de aplomo sobre el asfalto. Y eso se muestra en marcha.

A pesar de sufrir inercias propias de un vehículo cuya longitud, dado que se trata de un Land Rover Defender 110, es decir, el de la caja que mide 4,76 metros de longitud, casi 2 metros de anchura y otros tantos (1,97) de altura, deja a cualquier conductor de SUV normal y corriente a la altura de un don nadie, sientes que el peso (2.415 kg) y la arquitectura compensa y ofrece una seguridad máxima incluso en zona revirada, sí, incluso entre curvas enlazadas de carreteras propias de montaña no es solo ágil sino que se mueve muy bien (para su peso y altura, claro está).

Volviendo a las sensaciones del habitáculo, uno de los pilares por los que entiendo que alguien estaría dispuesto a pagar el precio del Land Rover Defender 250D X-Dynamic SE, más de 90.000 euros que marca el fabricante, es porque quiere sentirse como en el salón de, al menos, su casa de campo.

Y es que, tanto en sus butacas delanteras como en la banqueta trasera, digna hasta decir basta, para 3 ocupantes adultos, el ambiente es insultantemente lujoso. Tanto que uno, como quien firma este texto, llega a sentirse fuera de lugar.

Es propio de  salón de la residencia de campo de una familia de alta alcurnia, uno a la que no le falta de nada pero le sobra cualquier fanfarria que suponga una horterada. Lujos máximos pero con ostentaciones las mínimas. La calidad de los materiales se viven, se sienten, por la vista, el tacto, el oído e incluso, el olfato. Un ambiente que se siente y se disfruta.

Por ejemplo, el equipo de información y entretenimiento, que se muestra en las dos pantallas que se sitúan, una tras el volante, como la situada en la consola central, son muy sencillas de configurar y muy eficaces en cuanto a su interpretación. Tanto el menú del odómetro como el del equipo multimedia lucen unos gráficos sensacionales, una calidad de imagen excelente a la vez que simple, con menús muy fáciles de elegir, aplicar y alternar entre ellos evitando distraer y enmarañarse en su navegación. Como la botonera en el volante, planteada con el mismo objetivo: ser práctica a la vez que aséptica y elegante.

Como decíamos, los asientos delanteros del nuevo Defender no son especialmente cómodos, no son su función principal porque este todoterreno donde debe asentar a sus ocupantes es, sobre todo, fuera del asfalto.

Aún así, en recorridos sobre el negro alquitrán, uno se cree más en un autobús, por la altura respecto del suelo (yo, midiendo 1,80 metros de alto, tenía que sentarme pegando mis posaderas, literalmente, apoyar la derecha y, entonces rotar la cadera y luego las piernas para poder sentarme, casi en un movimiento de traslación hacia el asiento) que en un vehículo de corte SUV, por muy alto que pudiera ser el comparado.

En ambas plazas delanteras, la distancia a la luna y al techo, acristalado en la unidad de la prueba del Land Rover Defender que narro, provocan una sensación de amplitud extrema, de no llegar a poder estirarse por completo ni siquiera haciendo retroceder el sofá hasta donde la regulación eléctrica permitiera.

En cuanto a los asientos delanteros, el gran habitáculo permite viajar a dos pasajeros más que cómodamente y, como dije, como sobrada comodidad a tres de un tallaje incluso como el mío (entre M y L de chaqueta). Con todo y esto, tras los respaldos, las rodillas de los ocupantes de detrás no tocarían salvo que fueran de mayor altura y el viajero de delante desplazara por completo su sillón. Por cierto, cabe señalar que este Land Rover Defender 110 de 5 plazas puede equipar 2 más pagando un extra de casi 2.500 euros.

El maletero del Defender

Respecto del maletero del Land Rover Defender, es una maravilla. Es enorme, casi de 800 litros, diáfano y práctico, tiene una boca de carga que, si bien nada se puede hacer respecto de su altura al suelo, queda alineado con el movimiento de introducción que un bulto de gran tamaño, como una maleta de tipo familiar, por ejemplo, quedaría alojada en él.

Y ya no solo por su capacidad de carga para albergar grandes o variados objetos sino que, gracias a los variados anclajes que dispone, es posible colocar en él, desde infinidad de otros bultos hasta, se me ocurre, ser uno de los mejores coches con los que viajar con perros.

La conducción en asfalto del nuevo Land Rover Defender

Para centrar el análisis dinámico durante la prueba del Land Rover Defender, el ejemplar conducido equipaba el motor de 6 cilindros de 3.0 litros de cilindrada alimentado por gasóleo que produce hasta 250 CV, huelga decir, tracción integral gestionada automáticamente por una caja de cambios de hasta 8 velocidades que también pueden ser seleccionadas mediante la palanca de cambio entre los asientos.

Un motor al que se le ha asociado un equipo eléctrico incapaz de propulsar autónomamente al coche pero sí permitir su homologación como vehículo microhíbrido, ergo, lucir el distintivo ambiental de la DGT ECO por muy absurdo que este reconocimiento parezca cuando se comprueban los consumos del Defender en condiciones reales y habituales, pero este es otro tema y batalla que no vamos a tratar, al menos, de momento.

He utilizado este todoterreno en tres situaciones habituales para mí sobre asfalto:

  • desplazamiento de ida y vuelta al puesto de trabajo
  • viaje de media distancia y duración
  • trayecto urbano para hacer la compra

El Land Rover Defender como coche de diario, bajo mi criterio, se me hace injustificable usarlo. Es un vehículo enorme, más por volumen que por dimensiones lineales, que gasta en vía periférica y en momentos de media-alta carga de tráfico cerca de 11 litros. Por otro lado, a pesar de que es cómodo para estar en él en un atasco, es tan grande que no resulta ágil cuando el devenir de los atascos exigen andarse fino buscando el carril más dinámico.

Por otro lado, cuando uno se propone pasar un fin de semana en la casa familiar ubicada en zona rural y paraje montaraz, y de paso, hacer la prueba del Land Rover Defender como debe ser, es decir, llevándose al Defender en el campo, en modo off-road, los 150 km y hora y media de viaje de ida y otros tantos de vuelta se hacen cómodos y no tan derrochones, logrando un consumo de algo más de 9 litros de gasóleo cada 100 km.

prueba del land rover defender (16)

Finalmente, en modo urbano es un sinsentido, salvo que se busque saltarse las limitaciones de las zonas de bajas emisiones. Pero, aún así, con un consumo en ciudad de cerca de 20 litros en trayectos breves, por muy abultada que se tenga la cartera, hay opciones más coherentes como SUV con actitudes de todoterreno y, aún más, hay mejores coches urbanos para saltarse las restricciones de las ZBE en el día a día en la metrópolis.

Land Rover Defender: el T-O-D-O-T-E-R-R-E-N-O de lujo

Ya en paraje montaraz, los primeros vaivenes causados por los acusados rodales del terreno, endurecidos por el frío ambiental de este final de enero, no inmutan la cabina del Defender.

Ahora, la intervención de la electrónica puede que, de una parte, provoque el rechazo de usuarios o compradores más tradicionales pero también puede resultar muy atractivo a un público que solo quiera preocuparse por seguir hacia delante sin preocuparse ni ocuparse por ajustar manualmente más configuraciones que la del modo del selector del Terrain Response que se encarga de hacer el set-up según la superficie por la que se mueva.

Activado esto, ajustada la altura al suelo del Defender, ruedo ya sobre tierras rotas, arenas sueltas que aún agarran los despojos de hierbas y matorrales bajos secos, cadáveres expuestos en las orillas secas de un pantano que es rodeado por infinidad de charcos helados que son destrozados sin piedad por unas ruedas irónicamente seleccionadas y nombradas para este modelo.

Nada lo puede amedrentar, solo la falta de confianza de quien lo condujera podría limitarlo y, como tal, me enfrento entonces al mayor desafío al que sometí a este todoterreno durante la prueba del Land Rover Defender: un descenso por, entre y sobre roderas que presentan piedras del tamaño de buenas sandías de verano que han de ser, algunas veces, esquivadas, otras utilizadas como apoyo.

Dicho y hecho, el vehículo se enfrenta al reto con una firmeza total, desciendo por donde le digo y con un ritmo gestionado por la sincronización manual entre el acelerador que pisa el humano que lo conduce y la tecnología que equipa el vehículo.

Entonces se despejan las dudas de si el Defender es ahora un coche SUV o un todoterreno puesto que no ha lugar titubear, ni dentro de él ni sobre él. Esa sensación de estar haciendo algo contra las leyes de la física es propia de la conducción de vehículos diseñados para hacer off-road y no la ofrece ningún SUV: ninguno.

Conclusión final y opinión sobre el nuevo Land Rover Defender

No cabe duda, el nuevo Land Rover Defender es un vehículo todoterreno como siempre pero adscrito a un nuevo capítulo en la historia de Land Rover entre los cánones de la automoción actual.

De una parte se ha asumido la tecnología, tanto en su habitabilidad como confort como respecto de la electromovilidad, como una prioridad, aunque sea como todoterreno híbrido ligero, pero por otro se ha alejado eones respecto de aquellos Land Rover Defender rudos y ascéticos propios de una embarrada cacería de fin de semana que de la persona que entiendo que es el objetivo de ventas de este automóvil.

Y vaya por delante que no trato de ofender a nadie porque con lo siguiente solo trato de ilustrar y ni mucho menos molestar a nadie, pero es que este todoterreno de lujo encaja como anillo al dedo a la idea del señorito de familia burguesa adinerada de mediana edad que con sus botas hípicas, su chaleco marrón y su gorra inglesa a juego toma su todoterreno camino del cortijo donde se custodian los toros de lidia propiedad familiar que pacen plácidamente antes de la convocatoria para ser reclamados en un duelo en la arena de una plaza de toros. Un comprador muy específico, muy tipificado, muy estereotipado y que en el garaje tiene junto al Land Rover Defender salpicado de barro pegado durante el fin de semana su lujoso Jaguar para diario.

Yo soy un tipo más de coches de carreras para el día a día sobre asfalto y, en mi caso, buscaría un todoterreno más modesto, pequeño y barato, apto para escarceos montaraces esporádicos pero presto para cumplir ante desafíos de los que provocan emociones máximas pero, aún así y con todo, este nuevo Defender es un T-O-D-O-T-E-R-R-E-N-O que perfectamente justifica su precio y cumple tanto o más de lo que cabría esperar de él.

Sea como fuere, desde mi perspectiva profesional, solo me resta reafirmarme en que es un coche que he disfrutado mucho y que me parece que vale lo que cuesta.