Los riesgos de comprar un coche sin probarlo, a golpe de clic

Los riesgos de comprar un coche sin probarlo, a golpe de clic

15 junio, 2020 Desactivado Por Divex Motor

Recuerdo cuando, allá por finales de 2012, estuve bastante cerca de comprar un coche sin probarlo. Se trataba de un Skoda Octavia RS. Yo quería la versión como motor de gasolina y, en el concesionario donde fui a preguntar y a simular el presupuesto, me dijeron que no era posible conducir uno con el propulsor de gasolina porque ‘en todo Madrid no tenemos matriculado un RS gasolina, como mucho, un TDi’.

Siendo un concesionario del, posiblemente, distribuidor más extendido del Grupo Volkswagen en la comunidad me sorprendió pero el comercial me aseguro que eso era así, con lo cual hice la prueba de la versión diésel que me encantó pero, aún así, no era el que yo quería.

En octubre de 2013 el escenario se repetía ‘pero no tenemos ninguna unidad para pruebas, todan las que llegan desde el puerto de Valencia son para clientes y vienen todas de encargo, ninguna para probar’. A mí se me pusieron los pelos de punta cuando el comercial de Toyota me dijo que debería gastarme 30.000 euros para saber entonces a su entrega cómo podria ser «mi GT 86», lo cual, de nuevo, me echó para atrás.

Son nuevos tiempos y se lleva comprar un coche sin probarlo

Ahora, dada la coyuntura, los fabricantes de marcas, con sus departamentos de marketing y prensa trabajan de manera conjunta, cabezas con cabezas humeantes, ideando fórmulas, eslóganes y vías para vender coches como sea.

Tanto es así que, a las promociones, artificiadas mediante técnicas ilusionistas, el temor al covid-19 propone ahora la tesitura de comprar «tu coche nuevo a golpe de clic» y «sin pisar el concesionario» gracias a un proceso de compra y financiación 100 % digital.

Entiendo que haya miedo a acudir a un concesionario, a estar, al menos, una o dos horas, charlando con un comercial que ha hecho lo propio con, posiblemente, otras tres, cuatro o… vaya usted a saber cuántas personas interesadas en adquirir un coche nuevo, pero lo que no entiendo es que se pueda comprar un coche sin probarlo.

La moda de abrir reservas de un coche totalmente nuevo, sin igual, sin referencias previas porque es totalmente nuevo, valga la redundancia, hace que, de manera telemática, sea posible encargar, pagar la fianza y luego firmar la simulación financiera, ya contrato, en el mismo momento que te se entregan las llaves del coche.

Y entonces, subirse al coche, arrancarlo o encenderlo y… «¿era esto lo que me esperaba?». Ay, amigo. Te acabas de meter en un crédito o el pago de la que dicen que es la segunda cuantía de mayor trascendencia doméstica, tras la compra de una casa, sin tan siquiera haber visto cómo era por dentro. Si los asientos te vienen pequeños, si las rodillas se clavan en el respaldo del conductor, si no te cabe en el maletero más que la mochila del gimnasio… si no sabes, tan siquiera, si el coche responde como a ti te gusta…

Cuando vamos a las tiendas, la facilidad de la estratagema de la proclama «Si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero» permite ese colchón psicológico de dar validez al impulso primario consumista inicial de «yo lo compro, si luego no me gusta, lo devuelvo» pero ¿se puede devolver un coche? Con tique o sin él, creo que no.

Como digo, estamos en un momento en que los concesionarios matriculan las unidades mínimas necesarias para tener la que estimen sea la más más atractiva y que anime a los interesados a comprar tal cual o una variante el modelo de exposición y prueba.

Pero, ¿qué pasa con aquello de sentir la emoción de probar un coche? Incluso, inhalar el olor a nuevo que los automóviles de concesionario emanan.

Sentarse en todos los puestos, simular todas las posiciones propias y ajenas que garanticen ergonomía, confort y confianza en sus cualidades. Qué es de aquello de, abrir el maletero y decir «aquí no me entra el carrito de la niña…».

Y más aún, qué es eso de situarse frente al volante, activar todos los sistemas y decir «este coche me gusta» o «este coche no me gusta».

Se pierde. Con o sin justificaciones, con o sin contextos pandémicos. Con o sin estudios que respalden que, comprar un coche nuevo, ya no es una de las prioridades de los más jóvenes según ganan años.

«Yo me fío de…»

Y alguien me puede decir «Ya, Miguel, pero tú trabajas en medios de comunicación, haces pruebas de coches, te leo y me vale tú opinión». Craso error, mi opinión es mi opinión, como leí a un maestro del gremio «hay que hacer entender al lector que mi opinión es mía y que ni siquiera mi parecer puede ser el mismo que el de otro compañero».

Yo siempre pongo el mismo ejemplo: tú puedes ir al cine acompañado por otra persona, haber ido en el mismo coche, tomar la misma cena, en la misma mesa, haber hecho la misma cola para adquirir las entradas, incluso, haber ido al baño juntos antes de entrar a la sala. Esta sentados uno junto a otro durante la proyección que vais a ver y, al acabar el filme, uno decir que es una obra de arte y el otro que o «bueno, no está mal» o directamente, «a mí esta película, no me ha gustado». Siendo la misma película, el mismo contexto y la misma coyuntura. Porque cada uno, es cada cual.

Comprar un coche sin probarlo porque se ha leído un buen puñado de test publicados no garantiza nada, solo que a los que firman esos textos tienen una opinión similar, por los motivos que sea.

Sea nuevo o más de segunda mano, mi consejo es que, siempre se conduzca el coche que interesa, siempre, que se busque hasta debajo de las piedras, que se disfrute o se sufra, pero que se conduzca si luego uno no quiere echarse las manos a la cabeza.