Prueba: Mazda3 e-Skyctive X, difícilmente se puede ser mejor

Prueba: Mazda3 e-Skyctive X, difícilmente se puede ser mejor

18 julio, 2022 Desactivado Por Miguel Lorente

Prometo no volver a escribir en la prueba del Mazda3 «prueba del Mazda Mazda3» porque yo mismo implosionaría, mejor «prueba del Mazda 3» Y dicho lo cual, pasemos a analizar este delicioso compacto.

Hay coches que tengo siempre bajo el radar, generación a generación, actualización a actualización, y el Mazda3, o a ojos menos estrictos pero más agradecidos «Mazda 3 «, por aquello del «marca+espacio+modelo» aunque de todas todas, sea incorrecto, es uno de estos coches.

Desde su reformulación de 323 a 3 ya han pasado más de dos décadas, de hecho, casi tres, 30 años de evolución del compacto del segmento C de Mazda para que llegara una nueva revolución.

Una revolución que ahora pasa por el motor e-Skyactive X, el bloque electrificado que hace del Mazda3 un coche híbrido. Es cierto que este coche entra entre los etiqueta ECO por la vía más suave, la de la hibridación ligera y que, avanzamos ya, prácticamente no se nota en un uso ordinario del coche si no es porque lo avisa en la pantalla de la consola central.

Pero volvamos al análisis global.

Un nuevo Mazda3

La actual generación del Mazda3 llegó hace unos 3 años y desde finales de 2021 con el motor híbrido ligero o MHEV (mild hybrid electric vehicle) y alimentado por gasolina, como el de la unidad que probamos, lo que supuso una importante actualización mecánica ya que con él se reduce con ello tanto el consumo como las emisiones de gases respecto del bloque que inicialmente equipaba.

Exteriormente, presenta una estética afilada por delante y redondeada por detrás, con un aspecto de gota en sufotografía lateral. Un conjunto que imprime dinamismo a partir de los filos delanteros y de la aerodinámica desde el pilar A del parabrisas hacia el portón del maletero.

Por lo demás, este coche gana enteros según la pintura que bañe su carrocería. El ejemplar cedido la prueba del Mazda 3 híbrido ligero lucía el color bandera de la marca: un granate cereza metálico que, según la luz, sobre todo la incidencia solar, se mostraba caleidoscópico pareciendo más mate, vivo o discreto según la hora del día.

Sea como fuere, voy a hacer algo distinto a lo que suelo hacer en Divex Motor que es analizar un coche desde fuera a adentro: de la conducción y el dinamismo a la habitabilidad, confort y disfrute del Mazda3.

La conducción del Mazda3 MHEV

Desde el puesto de mando, el coche es extremadamente neutral. De hecho, es tan fácil de llevar, tan cómodo, tan, incluso, anodino, que es una gozada como coche de diario. El chasis de Mazda tiene una puesta a punto orientada al confort, a minimizar los estragos del asfalto y a moverse sin prisa de manera lo más eficaz y eficientemente posible de una forma suave y delicada.

Entre lo más destacado del dinamismo del Mazda3 híbrido ligero que he encontrado ha sido que la suspensión, a pesar de que el tarado de la misma, no es en absoluto deportiva, ni pretende serlo, aguanta más que bien los pasos rápidos por curva (ojo, paso rápido en el sentido menos racing de la palabra) y resulta rígido y cómodo al pasar los malditos resaltos en ciudad.

En vía rápida, el motor microhíbrido resulta un tanto perezoso ya que su par, a pesar de disponer de 240 Nm, no resulta contundente y su potencia, más de 180 CV, tampoco se demuestra sobre el asfalto.

Eso sí, me ha ocurrido que, en algún momento concreto como incorporaciones desde parado, el coche ha patinado del eje delantero, sobre el que recae en exclusiva el trabajo del motor, al darle un «zapatazo» sobre el acelerador, un pisotón contundente al 3/4 del recorrido del acelerador y al coche se le ha atragantado la exigencia de gestionar petición de respuesta rápida con una transmisión lo más inmediata posible a las ruedas, por otro lado, inmaculadas en el momento de la prueba del Mazda3 ya que el odómetro de esta unidad se acaban de pasar los 1.000 km recorridos.

Volviendo a la conducción del Mazda 3, la caja de cambios tiene un tacto «lubricada», artificial, con una inserción de velocidades que puede hacerse relativamente rápida pero cuyo recorrido es más largo de lo que quizás se espera. Aún así, ningún problema para alguien que busque un coche con cambio manual cómodo porque esta unidad equipaba la caja de 6 velocidades con tres pedales, uno de ellos, el del embrague.

Porque el central, el del freno, es otro de los puntos que me ha llamado la atención debido al escaso recorrido del mismo. Un equipo de frenado correcto en todo caso.

El motor de gasolina, el bloque 2.0, resulta rumoroso desde el interior, que, como decía antes, aunque luego analizaré el confort a bordo, se escucha en el habitáculo. Una cabina que, a pesar de estar bien aislada no puede contener el ruido de un corazón mecánico sonoro.

En la prueba del Mazda3, el coche ha recorrido vías urbanas y extraurbanas en una relación de 50-50, con ciertos momentos de circulación a velocidades máximas en carreteras rápidas arrojando una media de consumo de este coche híbrido ligero de 6,1 litros de gasolina a los 100.

Hacer la prueba del Mazda3 es viajar a Japón

Quizás sea la primera vez que llegas a Divex Motor, puede que ni siquiera me conozcas y, por ello, no tengas la menor idea de mí, de que soy un enamorado de Japón, no tanto en la cultura más friki pero sí en otras frikadas como la historia, el tatuaje o la automoción nipona. Pero no vengo aquí a hablarte de mí si no de la prueba del Mazda3 que acabo de disfrutar.

Lo que te quiero avanzar con esto es que me he imbuido de la esencia japonesa tanto desde España como en Japón y una cosa que me quedó clara en mi periplo por la gran isla de Honshu fue la hospitalidad, la servidumbre y el esmero que los japoneses, en esa secuencia jerárquica, le echan para con sus huéspedes.

En el Mazda3 te sientes un viajero recién llegado a su hotel ryokan. No te encontrarás un futón en el armario, ni una tetera con un juego de porcelana ceremonial pero el habitáculo rezuma esmero, hospitalidad y servidumbre, por ese orden.

De entrada, el diseño interior combina con el frontal. La combinación de afiladas líneas, volúmenes que cruzan planos tangencialmente, la inclusión de piezas con ciertas curvaturas… proponen un conjunto que recuerda al filo de la katana o espada que tradicionalmente hemos vinculado a los guerreros japoneses de hasta hace poco más de un siglo.

Es delicioso contemplar cómo se insertan unas líneas con otras, como surgen aristas y caras que proponen un ambiente que, a pesar de estar presidido por el color negro, es acogedor. De hecho, parece una guarida.

Porque, debido a la ubicación y forma de las ventanas, sobre todo de las traseras, que llegan a resultar un tanto angostas en su unión con el pilar C, crean un habitáculo recogido, propio de ambientes de ámbito espiritual. Casi echas en falta un jardín (japonés, el de piedrecitas y el rastrillo) entre las butacas delanteras para pasar los ratos de atascos.

A pesar de contar con reglajes manuales, el asiento y la columna de la dirección permiten una posición de conducción perfecta, al gusto del usuario. El único que yo le encuentro es el volante, no tanto por su estética sino por la forma del aro: aplanado parcialmente hacia el frente.

El asiento del copiloto es amplio, con espacio para las rodillas y movilidad para los pies. Ajustados durante la prueba del Mazda3 ambos sofás a mi altura (1,80 m), las plazas traseras del coche permiten entrar hasta 3 ocupantes de talla media sin demasiada complicación, para traslados no muy lejanos ni exigentes en cuanto a estatismo. Como es habitual, es un espacio mejor para 2 que para 3. Las rodillas quedan a buena distancia del respaldo y los pies tienen cierta libertad de movimientos bajo el asiento delantero.

De nuevo, dada a configuración de la carrocería, la cúpula del coche resulta próxima a las cabezas de los ocupantes, sobre todo de los que viajan detrás. De nuevo, con mi estatura como referencia, sentado cómodamente detrás, dispuse de unos 12 cm directos de distancia entre mi testa y el techo. Los hombros sí que están liberados y los brazos, de la misma forma, por la disposición del espacio principal para los viajeros.

El maletero el Mazda3 híbrido dispone de 358 litros y una configuración que, a pesar de no ser un volumen especialmente grande, sí permite alojar una maleta de gran volumen y algunos bultos de considerable tamaño también.

Lejos de eso, este compartimento tiene el piso bajo y la boca de carga alta lo cual que, en caso de colocar maletas u otros enseres pesados, pueda suponer un esfuerzo adicional para el porteador de la misma.

Conclusión de la prueba del Mazda3

Este coche es, en general, de los que mejor sabor de boca me han dejado últimamente. Posiblemente es, en cuanto a habitabilidad, confort y sobriedad en su conducción, el mejor y más si se atiende a su relación calidad-precio. Es un coche redondo.

Un coche híbrido con etiqueta ECO por menos de 30.000 euros, desde unos 28.000 euros como indica el configurador de Mazda, que resulta ideal como coche de diario para hasta 4 ocupantes, para uso dentro y fuera de la ciudad, tanto para trayectos cortos como para largas distancias, que ofrece una comodidad a bordo y una tranquilidad dinámica fabulosa… poco más hace falta decir.

En definitiva, como conclusión final tras hacer la prueba del Mazda3, no me tiembla la mano al escribir que es el mejor compacto del momento.